Nevos comunes
Suelen ser simétricos, de color relativamente uniforme y estables en el tiempo.
La mayoría de los lunares son benignos. La revisión dermatológica busca reconocer cuáles tienen un patrón habitual y cuáles presentan características que justifican dermatoscopía, seguimiento fotográfico o biopsia. El objetivo no es retirar todos los lunares, sino identificar los que realmente necesitan estudio.
Los lunares —también llamados nevos melanocíticos— son lesiones formadas por agrupaciones de melanocitos, las células que producen pigmento.
Un lunar benigno suele mantener un patrón estable a lo largo del tiempo. Puede ser plano o elevado y presentar diferentes tonos, desde color piel hasta marrón, negro, azul o rosado.
Suelen ser simétricos, de color relativamente uniforme y estables en el tiempo.
Pueden ser más grandes, asimétricos o presentar bordes y colores menos uniformes. No significan automáticamente melanoma, pero algunos requieren vigilancia más estrecha.
Están presentes desde el nacimiento o aparecen poco después. Su seguimiento depende principalmente de tamaño, localización, cambios y características clínicas.
Se localizan en palmas, plantas o zonas periungueales. La dermatoscopía ayuda a interpretar sus patrones particulares.
Pueden verse azulados o grisáceos por la profundidad del pigmento. Muchos son benignos, pero lesiones nuevas o cambiantes deben evaluarse.
Léntigos, queratosis seborreicas, angiomas y algunos cánceres de piel pueden parecer un lunar a simple vista.
La dermatoscopía —o dermoscopia— es una técnica no invasiva que utiliza un dermatoscopio, un instrumento con aumento e iluminación especializada, para observar estructuras y patrones de la piel que no se distinguen a simple vista.
Es especialmente útil para evaluar lesiones pigmentadas y ayuda a diferenciar patrones benignos de aquellos que justifican seguimiento o biopsia. En manos entrenadas mejora la precisión diagnóstica para detectar melanoma y otros tumores cutáneos.
Una mitad de la lesión no se parece a la otra.
Bordes irregulares, ondulados, recortados o poco definidos.
Variación de colores dentro de la misma lesión, por ejemplo distintos tonos de marrón, negro, rojo, blanco o azul.
Muchos melanomas superan 6 mm cuando se diagnostican, pero también pueden ser más pequeños.
Cambio de tamaño, forma, color, superficie o comportamiento con el paso del tiempo.
Una lesión que se ve claramente diferente a los demás lunares de la misma persona también merece atención.
Cuándo apareció, si ha cambiado, si pica, duele, sangra o se ulcera.
Historia de melanoma, otros cánceres cutáneos, quemaduras solares, número de lunares y tratamientos previos.
Una lesión puede ser más sospechosa si rompe el patrón habitual de los demás lunares de esa persona.
Se analizan simetría, colores, estructuras de pigmento, vasos, bordes y otros patrones.
Algunas lesiones que no requieren extirpación inmediata pueden beneficiarse de observación clínica o dermatoscópica. El intervalo depende del patrón de la lesión y del riesgo individual.
La fotografía clínica o dermatoscópica puede utilizarse para comparar cambios objetivos en el tiempo. No todos los pacientes necesitan mapeo corporal completo.
La decisión de biopsiar depende de la historia, el examen clínico, el patrón dermatoscópico, la localización y el diagnóstico que se está considerando.
Cuando las características clínicas o dermatoscópicas hacen necesario descartar melanoma u otro tumor.
Una lesión que evoluciona de manera significativa puede requerir estudio histológico.
Cuando distintas enfermedades pueden verse de manera similar y el tejido permite definir el diagnóstico.
Se selecciona según tamaño, localización y sospecha diagnóstica; la técnica no es la misma para todas las lesiones.
Conocer cómo se ve normalmente tu piel facilita detectar cambios. Al revisar la piel conviene observar frente y espalda, laterales del cuerpo, brazos, manos, piernas, plantas, espacios entre los dedos, cuero cabelludo y uñas.
No. La mayoría son benignos y no necesitan cirugía. Se retiran cuando existe indicación diagnóstica, médica, funcional o en algunos casos estética.
No. Es un examen no invasivo que utiliza aumento e iluminación para observar la lesión.
No existe una prueba visual perfecta. La dermatoscopía mejora la evaluación clínica, pero una lesión sospechosa puede requerir biopsia para diagnóstico definitivo.
No. El tamaño por sí solo no determina malignidad. Se interpreta junto con forma, color, evolución y patrón dermatoscópico.
La presencia de pelo no confirma ni descarta benignidad. Lo importante es el conjunto de características y su evolución.
Sí. Aunque muchos melanomas son mayores de 6 mm al diagnosticarse, también pueden ser más pequeños.
No todas las personas lo necesitan. Puede ser útil en pacientes seleccionados con numerosos nevos, lesiones atípicas o riesgo elevado.
No existe un intervalo universal. La frecuencia se individualiza según antecedentes, número y tipo de lunares, cambios observados y riesgo personal.
Dermatóloga y cirujana dermatóloga de IDDA. La evaluación de lunares integra historia clínica, examen de toda la lesión, comparación con el patrón individual y dermatoscopía cuando está indicada.
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Una evaluación dermatológica permite decidir si solo necesita observación, dermatoscopía, seguimiento o biopsia.